30 de junio de 2012

Clones


La idea de Carlos sobre los paquetes cilindrico-cónicos de energía discreta era la “chispa” que necesitábamos. Pero si lo hacíamos en el laboratorio, las mismas cámaras nos robarían la idea, así que no había razón para estar encerrados.

Nos fuimos a unas ruinas con el material para probarlo, y de la impaciencia nos vimos allí a las cinco de GBPUSD la mañana. Tuvimos que usar linternas para explorar el sitio. Encontré un aljibe desprotegido. Cuadrado, profundo, y con una polea funcional. “Perfecto para remojarlo todo si lo vemos a punto de explotar”, comenté.

- ¿Con lo que nos ha costado el equipo? -se sorprendió Álvaro.
Isabel y yo nos ocupábamos de las mediciones preliminares.
- Apuesto a que el estado del decaimiento es líquido -dijo Isabel.
- No seas cruel -repliqué.

Carlos estaba repasando los cálculos con Álvaro.
- ¿Divididos? ¡Qué haces! -se exasperaba Carlos- La longitud de onda se multiplica por los segundos.
- ¡Soy bueno, es que no te explicas!
- Aquí no estamos midiendo velocidad. La inversa es el factor independiente. Date prisa con el algoritmo, que ya verás lo que nos queda.
Se entretenían.

Isabel tenía el pelo rizado hacia uno de los lados. Castaño claro, ojos verdes, pálida, bonita. Un vestido blanco holgado. Cogía margaritas y se las ponía en el bolsillo de la bata. Tanto blanco deslumbraba. Puse a prueba el cubo del aljibe. Por desgracia, Carlos no pudo resistirse. Le dijo a Álvaro: “Sigue tú”. Tiró las ecuaciones sobre su regazo y vino hacia mí a toda velocidad gritando: “¡Agua!”. Caí, pero me pude agarrar a él a tiempo, y nos vimos los dos en el pozo.

- Muy listo, pero esto es mucho menos divertido desde que nos podemos cargar los móviles.
- ¿Qué importa el dinero? -dijo Carlos- ¡Si esto funciona seremos millonarios!
- Tampoco has dejado a ningún musculitos fuera para que nos saque.

Álvaro era bajito y flacucho, e Isabel muy delgada. Sacaron primero a Carlos, con mucho esfuerzo y varias caídas. Luego fue más fácil sacarme a mí. Eso nos retrasó una hora.

- Está terminado -dije.

Isabel había dejado el mechero prendiendo a trompicones, y la presión indicaba una fuga de argón, pero nada peligroso. La radiación beta se mantenía dentro de su caja.

- ¡Genial! -dijo Carlos- ¿Y quién lo probará primero? Los animales fueron bien, pero es la primera con un valiente. Podría morir, o lisiarse; ¡da igual el riesgo!, esto es historia: iré yo.

Se metió en el escáner y le di al botón. “Deberías haber puesto mis luces rojas”, susurró Álvaro. “Parecería más futurista”. Apareció en pantalla la imagen de Carlos. La leyenda mostraba poca comprar XRP electronegatividad en la captura. Solté inercia y empezó al zumbido. Isabel tenía la boca abierta. Álvaro se apretaba las manos. La impresora ribosómica se puso en marcha con los polímeros y empezamos a ver un zapato. Luego una pantorrilla. La máquina copiaba su ropa, incluso. Entonces lo vimos hecho, el clon de Carlos bien perfilado, con su mirada vacía. El zumbido se apagó, y el clon cayó al suelo.

- ¿Qué ha pasado? -preguntó Carlos.
Ninguno era médico, pero yo ya había intuido esa posibilidad. Tumbé el clon boca arriba e intenté darle un masaje cardíaco. A los cinco segundos despertó.

- Soid ragój alom, alom -balbuceó.

Álvaro se acercó con el geiger, pero los ojos se licuaron antes de empezar la medición. Se le cayó el pelo. Luego, se derritió por completo.

- Madre mía -Carlos no podía dejar de mirar la pasta marrón en que se había convertido.
- Te lo dije -me susurró Isabel-. Pero prueba esto: una vez hayas formado la imagen, reduce el tiempo de retención. Eso debería ajustar la indeterminación lo suficiente como para colocar los leptones en su sitio.
- ¿Quién es el siguiente? -pregunté.
Álvaro levantó el dedo índice. “Creo que me ofrezco”, dijo.

Revisé los generadores para probar una cosa. Cuando la imagen se formó, aumenté la energía y reduje la retención a una milmillonésima parte de lo que había conseguido con Carlos. Luego aproveché la inercia que había liberado para potenciar la impresora, y conseguí que la imagen se formase más rápido. Cuando el clon de Álvaro estuvo formado, no esperé a que cayese al suelo. Lo golpeé en el corazón mientras estaba de pie, y entonces lo agarré. Antes de bajar del todo, estaba consciente.

- ¿Ha funcionado? -preguntó el clon.
- Increíble -respondió Isabel.

Habría resultado más sorprendente si no hubiésemos trabajado tanto para llegar hasta ese punto. El primer clon molecular consciente de la historia era Álvaro.

- Una cosa -interrumpió Carlos-, creo que sólo tenemos material para una impresión más.
- ¿Qué? ¡Trajimos cien kilos de grafito!
- Es el nitrato potásico -dijo-, lo estamos gastando muy rápido.

Le eché un vistazo al clon, que aún seguía en mis brazos, descansando y probablemente sintiendo cómo la sangre volvía a fluir por sus venas. Luego miré la pasta de Carlos.

- Debe ser la ropa -concluí.
- ¿Los vaqueros?
Miré a Isabel.
- Tú no llevas vaqueros.
- Me ofendería no intentarlo -se rió.

Álvaro y su clon se acercaron a hablar. “¿Así es como se ve mi nuca? La imaginaba peor”. Esperaba que no le cogiese cariño. Saqué la imagen de Isabel, hice una copia de seguridad y repetí la operación, solo que esta vez no golpeé lo bastante fuerte. Seguía bitpanda inconsciente al llegar al suelo. El masaje no hizo nada en cinco segundos, así que probé a soplar aire en su boca. Cuando lo hice noté un movimiento reflejo, una especie de vibración, y le tomé el pulso.

- Inconsciente, pero viva y respirando -dije.
- ¡Déjame verla! -Isabel me apartó.

La examinó por completo: “Lo hemos conseguido, es exactamente igual”. Le pedí a Álvaro que hiciese la medición. Pusimos a los dos clones sentados junto a una de las columnas del aljibe. El de Isabel despertó y hubo que calmarla, pero el clon de Álvaro se ocupó de ello. “No te asustes mucho, que para lo que vamos a vivir…”: Álvaro siempre tuvo una forma curiosa de animar a la gente.

- Esto no puede estar bien, Álvaro. Vuelve a medir -Carlos no paraba de pasar las hojas de su libreta-, ¿seguro que la ionizante es nula?
- Es lo que pone el cacharro.

Me acerqué a ayudarles. “Con los datos que me ha dado Álvaro, me sale que los clones van a durar veinte horas”, explicó. “Eso tiene que estar mal”, dije, “esperábamos ocho minutos”. Me mostró su libreta. Habían vuelto a hacer una curva lineal, como al principio en el laboratorio. “Venga, Carlos, no repitamos errores. Haz la exponencial y marca el límite en un 80%”. Corrigió los cálculos: “Tres horas”.

- La mala noticia es que no habrá cerveza para todos -bromeó Isabel.
El estómago del clon de Álvaro empezó a rugir.
- Espero que haya comida -dijo.

Sacamos la mesa y nos hicimos unos sándwiches. A la sombra del arco principal de las ruinas se estaba bien. Albino y su clon peleaban en broma, revolcándose por el suelo. El clon de Isabel pasó por mi lado y se sentó.

- No sé por qué hacen eso -le dije-, si saben que ninguno de ellos ganará la pelea.
- Quizá es eso lo que lo hace divertido.
- Supongo que tienes razón. La tuviste con lo del estado líquido.
- Por favor, ahora me hace mucha menos gracia esa broma.
- ¿Acaso tienes miedo?
- Voy a morir. Lo sabía antes de meterme a la máquina. Pero por alguna razón pensaba que yo me quedaría en el lado original. Lo que no se me ocurrió es que también acabaría con una esperanza de vida tan corta. Somos copias exactas, o al menos lo éramos hace media hora. Seguimos siendo iguales, con la excepción de que voy a estar danzando por estas ruinas tres horas y nada de lo que haga merecerá la pena.
- No tiene por qué ser así. Tu influencia sobre el mundo no tiene por qué ser nula. Cuando ocurra, yo seguiré recordando este tiempo contigo.
- Ya, pero ella no.
- Estamos acostumbrados a que, cuando hablamos con alguien, el fruto de la conversación vaya por ambas partes. Pero no funciona así, es sólo una ilusión. El noventa por ciento siempre se olvida, y del diez por ciento restante, sospecho que es más fácil recordar lo que te han dicho. Lo que hable contigo es como si lo hablase con ella y ella lo olvidase, como probablemente haría.
La clon seguía mirando al infinito, y me puso la mano en el muslo sin apartar la mirada.
- ¿Y qué harías tú si te quedasen tres horas de vida?
Álvaro y su clon se estaban masajeando la espalda.
- No estoy seguro -respondí-, supongo que ayudar.

Al ver que nos marchábamos al fondo de las ruinas, la Isabel real se dio cuenta y me gritó.
- ¡Ey! ¿Adónde vas conmigo?
- Voy a hacer unas cosas con tu doble -traté de disimular-. La vida es corta.
- Al menos para mí, déjame en paz -se espetó.
- ¡Los clones no son para eso! ¡Es asqueroso! -contraatacó la real.
- ¿Acaso somos para lo que tú quieras?
La Isabel real me miraba roja de ira y asco. Yo me encogí de hombros.
- Tienes razón -dije, y me fui con ella.
Álvaro y su clon seguían tumbados en la pared.
- ¿Y yo qué? -preguntó el clon de Albino.
- Siempre he tenido curiosidad -dijo el real.

Acabamos exhaustos, sudando y con la vista borrosa. Isabel se recostó a mi lado y le puse el brazo de almohada. Sus pezones brillaban con la luz del sol. Desnuda no deslumbraba.
- ¿Lo has disfrutado? -pregunté.
Se giró y me abrazó.
- Antes no lo has pensado mucho -dijo-, cuando te he preguntado lo que harías.
- Supongo que tendría que verme en situación. Claro que ayudar es lo correcto, y tu vida cobra sentido con lo que haces. Pero si he respondido tan rápido es porque me lo he imaginado desde fuera. Desde dentro, está la tentación. Son tres horas para hacer todo lo que vayas a hacer. La llamada del egoísmo es poderosa. Quizá intentase disfrutar lo máximo posible sin preocuparme de lo que se espera de mí.

Isabel se levantó y se puso el vestido.
- Esto ha sido un error -dijo.
Intenté acariciar su espalda, pero me apartó la mano.
- ¿Recuerdas cuando trabajábamos en el escáner molecular? No nos conocíamos mucho, así que siempre ibas por tu cuenta. Sabía que me mirabas, pero imaginé que se te pasaría. Hoy han cambiado las tornas. Ni yo misma hablaba conmigo. Has sido el único que me ha prestado un poco de atención. Por eso lo he pensado. Que podía hacer algo por ayudar.
Parecía triste, pero no había nada que pudiese hacer.
- Eres un idiota, pero no eres superficial. No has hablado conmigo por eso. Dime que ya no soy interesante.
Bajé la cabeza, no podía decirlo.
- ¡Dilo! No tardó mucho en rendirse.
- Esto no ha funcionado. ¿Cuánto tiempo me queda?
Saqué el móvil. Estaba roto. “No estoy seguro”, dije.
Ella miró el sol. Estaba bajando.
- Creo que prefiero estar sola.
Empezó a caminar entre las matas.
- ¿Dónde vas a ir?
- No importa. Seré líquido. Prefiero que nadie lo vea.
Traté de seguirla un rato, pero vi que no tenía sentido hacerlo.

Regresé con los demás. Carlos e Isabel estaban acabándose la cerveza. Isabel no podía ni mirarme a la cara.
- ¿Dónde ha ido Álvaro? -pregunté.
- Ha seguido tu ejemplo. ¿Y ella?
- Líquido -respondí.
“Es hora de recoger esto, mañana lo anotaremos todo”, dije. Empecé a meter las máquinas en el remolque, pieza por pieza. Cuando llegó Álvaro pude desmontar los medidores ambientales. Estaba animado. En el viaje de vuelta, le tuve de copiloto.

- Estoy pensando una cosa, Álvaro -dije-. Aunque al principio tu clon fueses tú por completo, en el momento en que dio un par de pasos individuales ya no erais la misma persona, sino dos mentes separadas.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Pues que no contaría como masturbación.
- Supongo que eso me hace homosexual. Al menos puedo decir que encontré al hombre adecuado.

Por el retrovisor, vi cómo Isabel se acurrucaba en el hombro de Carlos. Él tenía su cara y ella su muslo. Yo tenía un disco duro en la guantera.

17 de noviembre de 2011

Monzogo nº 45

Monzogo nº 45

14 de noviembre de 2011

El verdadero mensaje de Narciso

Narciso es un héroe floral. En todo el mito se ve la naturaleza desde una perspectiva dionisíaca, donde lo importante son los instintos animales.

Narciso, en cambio, es la deformación apolínea. Su belleza es producto de la naturaleza, su nombre es el nombre de una flor, mas él, racionalmente, decide guardar su herencia para sí.
El mito de Narciso no tiene nada que ver con el orgullo. Cuando la ninfa Eco, incapaz ya de hablar sino repitiendo cuanto escucha, se presenta ante Narciso con los brazos abiertos, no es el orgullo el que se pone en medio. Narciso dice: “No pensarás que yo te amo”, y ella responde “Yo te amo”.

Narciso necesita estar enamorado para yacer con alguien. Su pecado es ese.

De entre sus pretendientes masculinos, el más insistente era Ameinias. No resultaba extraño en esta época que los ancianos se uniesen a jóvenes efebos para intercambiar sexo por conocimientos.

Narciso ve este ofrecimiento como una carga que tiene que soportar, ya que él no ama a Ameinias y ése es requisito indispensable para cumplir su parte del trato. Así considerado, no es difícil entender que Narciso le regale una espada a Ameinias para que se suicide por amor.

Ameinias cumple frente a su casa, demostrando que su amor es sincero. Tanto él como Eco lanzan una maldición en el último momento, invocando a Némesis.

“Que Narciso descubra lo que es sufrir por un amor no correspondido”.

Cuando en los orígenes del cristianismo se empezaron a revisar los mitos griegos en busca de fábulas con que sustentar sus principios morales, recortaron buena parte de la historia de Narciso.

Le dejaron en el lago, enamorándose de su propio reflejo, y lo utilizaron para ejemplificar lo malo que era el orgullo; sin embargo, lo que la historia trataba de enseñar a los jóvenes como moralina era que no deben reservarse, que la vida es muy corta.

Cuando Narciso encuentra por fin en sí mismo a esa “persona especial” que esperaba encontrar, es imposible consumar. Así recibe el mismo castigo que Ameinias y Eco, que habrían sido mucho más felices de yacer con él, aunque no les amase.

Incapaz de soportar el dolor, se clava el puñal en su pecho y muere junto al lago, donde vuelve a la naturaleza en forma de narcisos.

Oscar Wilde le añadió un epílogo a la historia, que he encontrado titulado como “El reflejo”. Es apenas una nota al pie, y cuenta que cuando los dioses se encontraron al lago llorando, le preguntaron si lamentaba la muerte de Narciso: “Yo lo amaba”, responde el lago, “porque cuando se inclinaba sobre mí, veía en sus ojos el reflejo de mis aguas”.

Paulo Coelho puso ese fragmento al principio de “El Alquimista”, aunque dudo que supiese lo que hacía.

26 de octubre de 2011

Monzogo nº 44

Monzogo nº 44

http://es.scribd.com/doc/70385167/Monzogo-n%C2%BA-44

Creer en un mundo mejor

Lo que sabemos de la evolución se puede aplicar a cualquier materia, siempre y cuando haya muchos elementos diferentes, éstos se dividan o “copulen” y exista una fuerza que elimine las copias peor adaptadas (selección natural).

Las ideas abundan en el mundo, ya provengan de la acción de los sentidos si se es empirista o del libre albedrío si se tiene un ánimo más trascendental; mediante la comunicación se transmiten, y entre las imperfecciones de la memoria y la comunicación, y la voluntad o el escepticismo de las personas, encontramos un tipo de selección que permite que unas ideas sean transmitidas y otras no.

La hipótesis la leí hace unos años en “El gen egoísta”, de Richard Dawkins. Se conoce como la “teoría de los memes”.

Cuando una idea aparece en la población, ésta va saltando de un individuo a otro. Cuanto más fácil de recordar sea o cuanto mayor sea el nivel de aceptación en el individuo, mayor posibilidad habrá de que la comparta con otro.

Por supuesto, hay algunas ideas mejor preparadas que otras para esta dinámica. “Nosotros somos mejor que los demás”: es fácil de recordar y tiene el beneficio de hacer sentir bien a un grupo. “Nos corresponde más de lo que tenemos”: es también una forma agradable de pensar, sea cierto o no. Y “Está bien matar por aquello en lo que crees” sería como una especie de virus.

Ante terroristas con convicciones fuertes no vale de nada el acoso policial, pues toda la población es susceptible de pensar de esa manera en algún momento. Se puede neutralizar a un individuo, pero siempre estará lista la cantera de nuevos miembros.

Es como una infección bacteriana. No puedes tratar de matarlas una a una. Cada bacteria se divide varias veces, igual que una persona puede inculcarle su ideología a muchas otras. El crecimiento en condiciones óptimas sería casi exponencial. ¿Pero cómo se puede eliminar a toda una población de microorganismos, no digamos ya de ideas?

Una respuesta fácil sería la de cambiar drásticamente el medio en el que se mueven. Una nueva proteína en la sangre, una subida del pH o un repentino cambio político o tecnológico, y la infección desaparecerá sin tener tiempo de adaptarse.

El problema sería como el de aquellos que abandonan el tratamiento antes de que la infección desaparezca por completo. Unos pocos supervivientes empiezan a reproducirse exponencialmente de nuevo, esta vez habiendo desarrollado más resistencia y mejores defensas ante los argumentos o el pensamiento externo.

Por eso me parece que el cese definitivo de ETA es uno de estos casos donde la realidad se puede cambiar con el mero hecho de observarla o de opinar sobre ella. Si la sociedad (en su conjunto) piensa que ETA puede ponerse en activo de nuevo y se realizan acciones que lo demuestren, estaremos considerando que el medio en el que se mueven sigue siendo el mismo. Si pensamos que el medio ha cambiado, que ETA ya no tiene lugar, que está obsoleta y es cosa del pasado, entonces el cambio se mantendrá y las ideas no tendrán por dónde salir.

Tautológicamente hablando, lo que veamos como inevitable será lo inevitable.

19 de octubre de 2011

Monzogo nº 43

Monzogo nº 43

18 de octubre de 2011

Los métodos de seducción

El fin de semana pasado era la moda entre mis colegas de Murcia: un libro que convierte la seducción en una ciencia. “¡Y funciona!”, me aseguraban. “¡Tienes que leértelo!”. Igual que con la homeopatía y la hidroterapia colónica, muchos acaban cayendo en el engaño por no hacerle el feo a los amigos. Como en este caso me encontré el libro en la mesa y mis esfínteres parecían a salvo, decidí abrirlo y hacer la prueba cruzándola con algunas lecturas atrasadas de Erwin Goffman (padre de la microsociología) y El arte de amar de Erich Fromm (lo mejor que he leído hasta ahora sobre el tema).

El libro tiene 600 páginas y las primeras 150 las pasa quejándose de lo mal que le iba con las mujeres hasta que descubrió “El Método”.

Pero bueno, tampoco es que luego ponga el método, no: hace un repaso de la teoría de la evolución en plan “Érase una vez...”, se inventa un club secreto de ligones profesionales organizados a través de Internet, clasifica el estudio de la seducción como arte (¿ciencia? ¿arte? ¿artencia?), crea una terminología barriobajera para referirse a cualquier cosa (llama la atención TB, Tía Buena; una abreviatura importante si vas a utilizar el término 3.600 veces a un ritmo de 6 TB por página) y, entonces, a su ritmo, te explica el método: demuéstrale a una tía que vales la pena, a ser posible desde el primer momento.

¿Sólo eso? Bueno, después de quitar la mierda, la paja, los lugares comunes, las anécdotas extrañas, la cuestionable bibliografía y demás alhajas literarias, eso es todo lo que queda.

De Goffmann se sacan otras cosas, como hasta qué punto se finge en las relaciones cotidianas, lo rápidos que somos para juzgar a alguien o hasta qué punto es necesario cuidar incluso los más mínimos detalles de nuestra apariencia, nuestros movimientos y, sobre todo, nuestras palabras -tanto en lo que se dice como en cómo se dice- para caerle bien a alguien, ¡no digamos ya compartir algo más íntimo!

De Fromm se saca a entender el acto de amar como una acción activa, que requiere un esfuerzo de preocuparse y responsabilizarse sin llegar a dominar al otro, de forma que ambos componentes de la pareja funcionen como los líquenes, que trabajan como un único organismo, aunque el alga siga haciendo sus cosas de alga y el hongo sus cosas de hongo.

22 de julio de 2011

Adiós, princesa


El palacio tenía escondida entre sus celdas a una princesa, mientras su hermano gobernaba. La decisión de meterse ahí abajo había sido sólo suya, después de que el sacerdote pusiese los ojos en blanco y anunciase que la salvación prometida por los dioses llegaría tras su sacrificio. Este mismo sacerdote viene a liberarla cinco años después. Fuera amenaza un temporal que remueve los árboles. El sacerdote habla con la pomposidad de costumbre, que la princesa ya no recuerda. Su mente sólo espera el agua de lluvia escurriéndose por el techo, la hogaza de pan verde y la limpieza del cubo. Está rota, no comprende nada. El sacerdote dice cosas.

La princesa es un animal asustado. Sobre su cuerpo peludo, desnudo y frío, caen brazadas de agua para limpiarla. Ella intenta huir, pero se encuentra siempre entre las mismas paredes, golpeándose contra ellas. Se hace una herida en el brazo. No le duele. En la lejanía, un relámpago. Varios guardias consiguen sostenerla mientras ella se deja en gritos. Por fin lavada. Aunque reticente, le acaba agradando el tacto de sus nuevas ropas.

Mientras la arrastran al exterior, la princesa piensa en el cubo de sus excrementos, mil veces vapuleado por los guardias sin ningún aprecio, y en las manos de aquellas personas cuyas caras se desvanecieron en miles de días. Todo iba quedando atrás, muy abajo. La llevaron a un patio interior, con fuentes de oro puro. Pudo detenerse un momento y mirar el cielo nublado, cubierto de pliegues que hacían miles de caminos. Le cayeron unas gotas en la frente, antes de que alguien tendiese una manta sobre ella. Volvió a sentir el calor y creyó volver en sí.

- Os ruego que me perdonéis -musitó la princesa-, por… mi comportamiento.
- No tiene importancia, majestad -el sacerdote hizo un gesto para que la soltasen.

Siguieron su camino por cuartos y alcobas, donde la maquillaron y perfumaron. Ella se paraba en cada ventana y miraba al horizonte. Parecía acercarse. Llenaron su cuello y sus muñecas de adornos brillantes. Cuando la consideraron presentable, la hicieron dar toda otra vuelta por las escaleras palacio, hasta subir al templo.

Al verla, los comensales se levantaron. Su hermano encabezaba la mesa. El fulgor blanco del mármol la espabilaba, e instintivamente, enderezó su cuerpo con dignidad de linaje. Uno de los soportales que la rodeaban se dirigía, a través de una larga escalera, al altar de los sacrificios, como un dedo que intentase tocar el cielo.

Tomó asiento a la derecha de su hermano. Sobre la mesa había pollos, terneros y cochinillos asados, junto a cuencos de vegetales y frutas. La princesa no esperó protocolo alguno: empezó a engullir muslos y costillares como sólo sabe hacerlo quien ha sufrido el terror del hambre. Nadie más probó bocado alguno.
Cuando se encontró saciada, tomó un largo trago de vino y miró a su hermano, consciente de que todos los ojos se encontraban fijos en ella.

- Hermano, ¿habéis pensado qué podríais decirme si ésta fuese vuestra última oportunidad de hablarme?
El rey tragó saliva y bajó la mirada.
- Os diría que no habría nadie en el mundo más orgulloso de vuestra determinación.
- ¿Eso es todo?

El rey enmudeció. Paseó su mirada por el resto de nobles en busca de auxilio. La princesa continuó.

- Muchos de estos manjares no los conocía.
- Así es.
- Tantas cosas nuevas…
- ¿Habéis tomado una decisión? Quiero decir, ¿cuál ha sido el resultado de vuestro retiro? ¿Os sacrificaréis por vuestro pueblo?
- La vida es demasiado valiosa para desperdiciarla en un momento de sumisión o de locura. Hay que luchar siempre. Por eso, he tomado la decisión de que debemos enfrentarnos al dios. Debemos matarle.
- ¡Locuras! -gritó el sacerdote.
Varias voces le siguieron irritadas.
- Hermana -respondió el rey, en tono calmado-, creo que no os dais cuenta de lo que decís. ¿No creéis que el pueblo merezca al fin un descanso? ¿Quién somos los mortales para enfrentarnos a los dioses?
- No importa que salgamos vencedores o no. La justicia de los dioses nunca ha sido la nuestra, y tenemos que luchar por nuestra libertad. No podemos vivir siempre como juguetes que puedan controlar a su antojo.

El rey emitió un largo suspiró y dio tres palmadas. Varios guardias apresaron a la princesa por los brazos y la levantaron en alto. La princesa se resistió, pero fue imposible liberarse.

- ¿Qué intentáis?
- Los dioses han hablado -respondió el sacerdote-, y no podemos tentar al destino o nos enfrentaríamos a la aniquilación total.
- ¡Hermano! ¿Qué hay de mi decisión? ¿Dejarás que se derrame así tu propia sangre?

El rey se levantó y todos se detuvieron. La princesa pudo librarse de sus captores.

- No puedo luchar contra lo que está escrito. Si tu decisión es la de enfrentarte al dios, tendrás que hacerlo sola. Lamento no poder ayudarme más que entregándote mi espada.

Junto a la escalera de los sacrificios, el rey desenvainó y le ofreció el mango. La princesa la cogió y ambos se dieron un beso en la frente.

- Adiós, princesa.

Subió las escaleras lentamente, con la espada escondida, y antes de llegar al altar, un rayo bajó del cielo, y todos vieron por un segundo las escamas brillar entre la lluvia, dejando a su paso un rastro de sangre y astillas de hueso. La espada cayó por las escaleras y fue tintineando, peldaño a peldaño, hasta deslizarse por uno de los laterales y perderse en el vacío. La luz se coló entre las nubes y amainó en un simple parpadeo.

20 de mayo de 2011

Democracia Real, lo que es (o debería ser)

Como he visto que hay mucha desinformación sobre las acampadas en la puerta del Sol y en toda España, creo que es importante que aporte mi visión sobre lo que es (o al menos, debería ser) el 15-m.

Primero: Que no se trata de un movimiento político, ni de derecha ni de izquierda, sino de un movimiento demócrata que se preocupa sobre los fundamentos del sistema.

Segundo: Que la principal reivindicación es una reforma de la Ley Electoral, permitiendo un voto responsable e igualitario para todos los ciudadanos que acabe con el monopolio político del bipartidismo.

Tercero: Que también se piden respuestas al problema de la corrupción política, a la separación efectiva de poderes, y a la defensa de los Derechos Humanos (trabajo, vivienda, etc.).

Cuarto: Que mediante asambleas democráticas se debaten y aprueban posibles soluciones para lo anteriormente expuesto.

Quinto: Que es un movimiento pacífico, contrario a la violencia, y que busca mantenerse dentro de la legalidad mientras le sea posible.

Considero que cualquier intento de politizar el movimiento, tanto de la derecha como de la izquierda, tanto interno como externo, sólo puede resultar dañino. Tampoco es cierto que se pida la abstención o el voto en blanco; todo lo contrario, en general se recomienda el voto para partidos minoritarios que tengan la reforma electoral en su programa. No se trata sólo de jóvenes, ni de exaltados, ni de comunistas, ni de anarquistas, ni de militantes de ningún grupo ideológico común, y mucho menos anti-sistema (¡se trata de arreglarlo, no de destruirlo!); habrá gente de cualquier partido, incluso del PP y el PSOE: el objetivo no consiste en beneficiar o perjudicar a algún partido concreto, sino en arreglar la democracia desde la base, mientras aún se pueda. En resumen, ciudadanos pidiendo una sociedad más justa y democrática en un contexto político y social que lo ha hecho necesario.

Más información
Manifiesto de #Nolesvotes | http://www.nolesvotes.com/
Wiki colaborativo #nolesvotes | http://wiki.nolesvotes.org/wiki/Portada
Material gráfico #nolesvotes | http://goo.gl/dbGAb
 El Constitucional avala manifestaciones durante la jornada de reflexión

18 de mayo de 2011

#acampadasol


Ya iba siendo hora, coño.
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